6 de diciembre de 2011

Agricultura inteligente a nivel energético

La FAO plantea cómo superar el reto energético y garantizar la seguridad alimentaria.

El sistema alimentario mundial necesita reducir su dependencia de los combustibles fósiles si quiere lograr alimentar a la creciente población del planeta, según adviritó ayer la FAO.

“Existe una preocupación justificada de que la actual dependencia del sector alimentario de los combustibles fósiles puede limitar la capacidad del sector para cubrir la demanda mundial de los alimentos. El reto es desligar los precios alimentarios de las fluctuaciones y subidas de los precios de los combustibles fósiles”, asegura un documento de trabajo de la FAO publicado en el curso de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático.

Los elevados precios de los combustibles fósiles y sus oscilaciones, así como las dudas sobre su disponibilidad futura, implican que los sistemas agroalimentarios tienen que transformarse a un modelo “inteligente” a nivel energético, según el informe (Energy-Smart Food for People and Climate (Alimentos inteligentes a nivel energético para la gente y el clima). El sector alimentario requiere energía y también puede producirla. Un enfoque “inteligente” en el uso de energía en la agricultura supone una manera de aprovechar mejor esta doble relación entre la energía y los alimentos, señalan los expertos.

El sector alimentario -incluyendo la fabricación de insumos, producción, procesado, transporte, comercialización y consumo-, supone cerca de 95 exajulios (1018 julios), según el informe. Se trata de alrededor del 30 por ciento del consumo mundial de energía, y más del 20 por ciento del total mundial de emisiones de gases de efecto invernadero. El uso directo de energía en las explotaciones supone cerca de 6 exajulios anuales, excluyendo la energía de origen humano y animal. Algo más de la mitad se consume en los países de la OCDE. En las explotaciones, la energía sirve para bombear agua, estabular el ganado, cultivar y recolectar, calentar los cultivos protegidos, el secado y el almacenamiento. Después de la recolección, se utiliza en el procesado, empaquetado, almacenamiento, transporte y consumo.




4 de diciembre de 2011

Menos plaguicidas en alimentos

Un informe comunitario confirma que un alto porcentaje de muestras alimentarias analizadas cumplen con las pautas de seguridad sobre restos de plaguicidas.

Cada año se realiza en todos los países de los Estados miembros un estudio que publica la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) sobre los programas europeos y nacionales de control oficial de residuos de productos fitosanitarios. El informe, correspondiente a 2009, reafirma la tendencia hacia un mayor cumplimiento de la legislación, de manera que un 97,4% de las muestras analizadas cumplen con los estándares de seguridad alimentaria, casi un 1% más que en 2008. A través de la dieta de los consumidores, este organismo europeo también ha realizado una evaluación para conocer la exposición a estos residuos, derivada de su presencia en las muestras detectadas positivas. La conclusión es que, en todos los casos, se pueden descartar riesgos a largo plazo por este consumo y que el riesgo a corto plazo para la salud es "muy poco probable".

El informe cuenta este año con algunas particularidades: es el primero que se realiza tras la armonización total de los Límites Máximos de Residuos (LMR) en la UE, un límite legal superior de concentración establecido de acuerdo con la reglamentación correspondiente y basado en las buenas prácticas agrícolas y la menor exposición del consumidor. Otra novedad es que, al haberse analizado los mismos alimentos de origen vegetal del programa coordinado, los resultados permiten una comparación directa con los datos de 2006 en estos productos. Por otro lado, el envío de datos de los Estados miembros se ha realizado en un nuevo formato más completo en el que, además, se han incluido alimentos de origen animal. Por último, se han introducido por primera vez unas recomendaciones para mejorar en la tarea de asegurar la alimentación de los consumidores europeos.

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